Movilización social en tiempos de crisis

Colectivo Alambique*

Sabemos que el modelo social y económico ha fracasado, que es necesario avanzar y no retroceder en la mejora de las condiciones de vida de todas las personas… Sentimos que tenemos que organizarnos y movilizarnos, pero nos encontramos con diferentes dificultades para ello, algunas internas, propias de nuestro modo de actuar, y otras externas, a las que a veces es complicado hacer frente. En este artículo intentamos abordar estas cuestiones partiendo de una propuesta concreta: la lucha por la Renta Básica de las Iguales (RBis).

Cuando hablamos de movilización social en tiempos de crisis no podemos dejar de hacer dos consideraciones previas. La primera es que una gran mayoría de personas ya estaban en situación de precariedad y exclusión social antes de 2007, momento en el que comenzaron las crisis mundiales: inmobiliaria, energética, financiera y de la alimentación. El porcentaje de personas bajo el umbral de la pobreza en el Estado español nunca ha bajado del 19 por ciento, más de ocho millones de personas [1].

La precariedad y la exclusión, por tanto, eran ya proyectos vitales de numerosas personas (precariedad y exclusión en lo económico, pero también en lo afectivo, en lo vital). La crisis ha venido a limitar aún más los recursos para buscarse la vida, y su permanencia en el tiempo está haciendo aún mayor el fracaso social que ya se vivía en muchos de los barrios periféricos de las ciudades y pueblos del Estado.

La segunda consideración a tener en cuenta es que muchas de las iniciativas de movilización social que se están dando ahora forman parte de procesos de cambio y transformación que llevan ya un largo recorrido. No están concreto, ni por un despertar ante los diferentes recortes que se han dado y se van a dar, como por el hecho de que nacen de la necesidad de construir otro modelo social y económico.

Naturaleza y dificultades para la movilización social

La movilización es un medio (junto con otros y en coherencia con ellos) para promover, contribuir e impulsar la transformación social. Nos movilizamos para apoyar, cuestionar, denunciar y proponer alternativas [2], así como para visibilizar la pobreza y la exclusión social. Pero, al plantearnos iniciar algún tipo de movilización, encontramos determinadas dificultades (externas y en nuestras formas de hacer) que ponen trabas a nuestras acciones.

En primer lugar, es habitual la discusión sobre cuándo es el mejor momento para plantear acciones. Es aquí donde se evidencia nuestra falta de agenda propia: en muchas ocasiones nos hacen reaccionar agresiones puntuales, o las acciones y tiempos aquellos contra quienes nos movilizamos. Preparamos acciones cuando llega una cumbre europea o algún ministro/a, pero echamos de menos el plantear propuestas e iniciativas propias. Tal vez esto sucede porque en ocasiones no enmarcamos nuestras acciones en procesos sino que vamos buscando las coyunturas que creemos son mejores para responder ante las diferentes agresiones del sistema.

Otra cuestión tema que nos frena es la obsesión por el número. ¿Cuántas veces no oímos eso de “o somos quinientos o con veinte hacemos el ridículo”? Este planteamiento, esta trampa del número, nos bloquea y no deja de responder a la lógica del modelo social. ¿Puede el número ser excusa para no denunciar los recortes?

La falta de participación en nuestros colectivos es otra de las dificultades. No hay una cultura de participación y horizontalidad en nuestros valores individuales y eso se refleja en las prácticas colectivas. A ello se suma la necesidad habitual de etiquetar y buscar referencias en las otras personas y grupos para establecer relaciones, en vez de mostrarnos abiertos y abiertas a trabajar y buscar lo común

Hay cuestiones externas que también nos bloquean a la hora de querer salir a la calle. Por un lado se encuentra el constante intento de manipulación y utilitarismo por parte de otros grupos y personas. Seguro que todas y todos recordamos asambleas en las que nos sentimos manipulados, o instrumentalizados por aquel partido político o colectivo cuando estábamos en una acción que creíamos necesaria. Por otro lado, influyen mucho también las continuas trabas y censuras legales a cualquier acto de denuncia pública, como las ordenanzas cívicas que intentan impedir actos en el espacio público (pegada de carteles, reparto de información en la calle, etc.)

Estas son sólo algunas de las dificultades. Es importante que seamos capaces de reconocerlas para ir construyendo respuestas en la calle: la movilización forma parte de un proceso más amplio de transformación social.

Características de la movilización social

Como hablábamos antes, en ocasiones las acciones de movilización no logran mover a muchas personas. No es que no sepamos a dónde vamos, o que parezca poco concreto: es cuestión de montar estrategias a medio-largo plazo, en clave de proceso. Estas acciones se enmarcan en procesos más amplios, que, por ejemplo, tratan de visualizar la falta de derechos sociales, las situaciones de pobreza y exclusión social, el fracaso del modelo social y la necesidad de ir construyendo otras realidades. Es lo que ocurre con los grupos de diez a quince personas, en algún caso más, que se juntan en diferentes plazas y pueblos del Estado español reivindicando derechos sociales para todos y todas.

Las personas que participan son las protagonistas, son las que han decidido movilizarse. Conocen el objetivo, el o los porqués, el para qué, el cómo… No acuden a una manifestación genérica, a una llamada general de alguna gran organización. Y aunque sean pocas se puede hacer mucho. Esta afirmación nos ayuda a liberarnos del bloqueo del número. En este momento de debilidad del sistema, las diferentes acciones de movilización social que nos planteemos tienen la posibilidad de incidir de manera importante en lo más próximo.

Aunque quienes participan en las movilizaciones sean protagonistas, no estamos pidiendo derechos para un solo grupo. Pedimos para todas las personas, no para unas pocas: estamos exigiendo cuestiones para mejorar nuestras condiciones de vida y las de las demás personas. Sólo así podemos hablar de cambio social, lo contrario son privilegios de algunos.

Es imprescindible darse cuenta de que para poder mantener un nivel continuado de movilización las propuestas tienen que estar basadas en el “enredo”, en la coordinación en red, en las relaciones y trabajo conjunto. Con unos acuerdos mínimos y un respeto a los ritmos distintos, pero con objetivos comunes. Tal vez este “enredo” no nos garantice gente en la acción, pero sí posibilitará la organización, difusión, acompañamiento y evaluación de movilizaciones.

Por otro lado, dada la cantidad de mensajes que una persona recibe al cabo del día, es necesario ser ingeniosos para llamar la atención. Hay que buscar la creatividad con contenido: que el “espectáculo” no eclipse el mensaje en toda su profundidad. Al trabajar con colectivos con pocos recursos hace falta agudizar todavía más la imaginación, pero con pocos recursos se puede hacer mucho.

Tenemos que ser conscientes de que la desobediencia, como acto consciente, colectivo y público, va a estar presente de un modo u otro cuando iniciemos procesos o acciones de movilización social. Esta desobediencia es la que va a evidenciar la necesidad del cambio de la situación injusta que denunciamos o exigimos, y, a la vez, es la que va a provocar la represión. Hay que prestar atención.

Hacia la RBis

Como ejemplo de movilización social queremos analizar a continuación la propuesta por la Renta Básica de las Iguales (RBis) [3], un tema al que resulta complicado acercarse por la existencia de muchas propuestas con matices diferentes. De hecho, incluso diferentes administraciones plantean dispositivos de rentas mínimas para las personas en situaciones de carencia.

La propuesta de la RBis responde a una pregunta clave para la transformación: ¿Cómo planteamos el paso de los dispositivos del Estado del Bienestar de sometimiento y control a otros que generen cambio social? La Renta Básica de las iguales (RBis) es el derecho que tiene cada ciudadano y cada ciudadana, por el hecho de nacer, a percibir una cantidad periódica para cubrir sus necesidades materiales. Determinadas características, estructurales y de opción política, la convierten en algo más que una declaración de principios: es un instrumento de acción política y social, así como en un mecanismo que garantiza la redistribución de la renta.

Las mayores dudas y reticencias hacia la propuesta de la RBis las generan su implementación y financiación. Para responder a estas preguntas existen ya distintas herramientas, como los estudios de viabilidad, las oficinas y puntos de información o las campañas por los derechos sociales y la redistribución de la riqueza, que demuestran las posibilidades de la RBis y que nos dan muchas pistas acerca de los pasos iniciales para desarrollar la propuesta desde la movilización social.

Los estudios de viabilidad de RBis se plantean como procesos de reflexión, enfocados hacia la acción, útiles para personas y grupos que ya realizan un trabajo concreto. Estos estudios, que huyen de lo meramente académico y de las simulaciones, parten de la realidad que ya existe en barrios, pueblos y ciudades, generando relaciones durante el propio proceso de investigación. Como ejemplos podemos señalar los de RBis en Alfafar [4](Valencia) y en La Orotava [5] (Tenerife), que ocupan un lugar dentro del engranaje de luchas colectivas y de trabajo desde lo comunitario por hacer la vida viable a las personas que forman parte del barrio. Son el complemento de una lucha más global y serán herramientas útiles en las luchas y movilizaciones que se plateen en el futuro [6].

Por otro lado, las oficinas o puntos de información pretenden acercar la información sobre los recursos y las ayudas sociales a la gente partiendo de que son un derecho al igual que lo es la educación o la salud. Buscan romper la idea de “culpabilización individual” que socialmente se plantea y devolverla desde una lógica de injusticia social. A la vez, estas oficinas permiten conectar con la realidad que vive mucha gente y con la respuesta y recursos para la inclusión social que dan los servicios sociales, así como generar movilización social, contribuyendo a visualizar las situaciones injustas y denunciando que son insuficientes las respuestas que se dan si queremos caminar hacia la justicia social. Estas acciones de visualización y denuncia, articuladas en campañas por los derechos sociales o por la redistribución de la riqueza, empujan a pasar de las rentas mínimas como instrumentos de cohesión y control a la RBis como herramienta para el cambio social.

En esta línea están funcionando iniciativas como la del colectivo Berri- Otxoak en Barakaldo (desde 1997); el Punto de Información y Denuncia EnConTrasTe en Palma Palmilla (Málaga); el Punt d’Informació sobre Drets Socials La Canyota en Xátiva; la Oficina de Información sobre Derechos y Recursos Sociales La Espiral (Colectivo Alambique) en Xixón; la Oficina de Coia (Vigo); la Asamblea Canaria por el Reparto de la Riqueza y el Punto de Información de La Casa en la Orotava (Tenerife), o las distintas oficinas de Cataluña. Son iniciativas que desde realidades y contextos concretos y particulares proponen la movilización hacia la Renta Básica de las Iguales desde la exigencia de los derechos a unas rentas suficientes.

Los ejemplos de acciones de movilización social son innumerables. Desde el colectivo Alambique esperamos que estas reflexiones ayuden y animen el debate y la discusión sobre nuestras prácticas para intentar ir transformando nuestra sociedad “despacito y por la orilla”.


*Alambique (http://asociacionalambique.blogspot.com)

Notas

[1] Ver la Encuesta de condiciones de vida que publica cada año el Instituto Nacional de Estadística (INE).

[2] Tomada de la reflexión de Mosaiko, Red sobre Educación para el Desarrollo y Educación Popular.

[3] La RBis ha de ser individual (no familiar); universal (no contributiva y para todas las personas); e incondicional (independiente del nivel de ingresos y del mercado de trabajo). La cuantía ha de ser por lo menos igual al umbral de pobreza y recibir cada persona la misma cantidad. Una parte de la RBis se percibiría en mano y la otra en forma de bienes de uso colectivo, mientras que la mayoría de las prestaciones sociales actuales sujetas a control y gasto burocrático quedarían refundidas en la RBis. Como instrumento de lucha, esperamos que la RBis se convierta en un patrimonio de los movimientos anticapitalistas. Mas información en http://www.sindominio.net/renta-basica.

[4] VV.AA.: Vivir donde quieras. Estudio sobre la viabilidad social y económica de la Renta Básica de las Iguales en el municipio de Alfafar (País Valencià), Baladre y Zambra, con colaboración de CGT, octubre de 2010.

[5] López Trujillo, Zebensui, y Sáez Bayona, Manolo (coords.): Por el derecho a una vida digna. Estudio RBis en La Orotava, Libreando, Baladre y Zambra, con colaboración de CGT, Iniciativa por La Orotava y Asamblea Canaria por el Reparto de la Riqueza, abril de 2011.

[6] Koordinadora de Kolectivos del Parke: “Desde el Parke frente a la crisis social”, Cuadernos, escribir para informar, leer para actuar, nº 16, Zambra – Baladre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: